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viernes, 3 de diciembre de 2010

Dos semanas, dos cuentos.

Noviembre 2010.
Jueves. Soy mamá en el siglo XXI, y me siento culpable porque no puedo seguir manteniendo a mis hijos adultos. No es lo normal en la clase bien de estos tiempos en que los niños viven bajo el ala paternal hasta los 30 años. Chin, ya estoy escribiendo como mujer. Mi hijo mayor dice que en las primeras líneas él puede detectar si el libro lo escribió una mujer o un hombre. No es que yo los crea superiores. Sé que somos diferentes, pero cuando te ofrecen dos cosas diferentes, muchas veces te gusta más una que otra. ¿Pero qué estoy diciendo? Hay libros que me han encantado y los escribieron mujeres; algunos de ellos son best sellers y no, no me apena decir que leo best sellers y me han llegado a gustar. No soy culturosa, como diría el gordo. Cuando he participado en alguna exposición de pintura no me he vestido de Frida Kahlo (cliché que me repatea), ni de negro, ni hippiosa. Leo lo que me gusta y veo lo que me gusta, así sea una telenovela. Claro que da pena aceptarlo a veces, pero ahora ya me estoy atreviendo a decir lo que soy. No me resta cultura o tal vez sí ¿quién tiene la palabra en esto? Todos somos seres humanos.
Viernes. Amanecí de malas; triste, enojada. Tal vez ayer me atrapó el daimon que me dice que no quiero estar aquí, me lo afirma y luego, cuando ya me convence, se ríe de mí porque sabe que no me iré nunca. Estuve en clase con mis siete niños; hablamos de mitología griega ¡ay, cómo me gusta ese tema desde chica! Era una geek que leía comics de Mitología Griega y Vidas Ejemplares (Editorial Novaro) y los disfrutaba muchísimo. Es que los dioses griegos son muy divertidos. Humanos, demasiado humanos y divinos en todo sentido.
Al salir del Partenón mi alma asumió que mañana es sábado y tal vez es eso lo que me entristeció. Más claro ni el agua. Mugre daimon, tienes razón. Seguro te llamas Ana María, porque Hillman dice que tienes el nombre o el apodo que no nos gusta. Bueno, voy de nuevo al banco a enviar dinero a los renuevos de olivo. Me da flojera salir otra vez, pero naimod, como dice mi pollito de azúcar. Creo que esa palabra sólo tiene significado en mi casa; deriva de la frase “ni modo”, que es exclusivamente mexicana.
Quiero estar en el ahora de Tolle, pero mi mente es como el mar de Cozumel cuando hay norte. Trato de dejar que se calmen las olas, pero nada, estoy bajo el poder del no existe.
¿Alguna vez volveré a ser...
Sábado. Chin, corté aquí y ya no sé qué es lo que me preguntaba. Porque de ser, soy. He querido ser muchas cosas y jamás estoy conforme. Vivir mil vidas al mismo tiempo siendo consciente de ello. Porque la rueda de Samsara, ni al caso. De qué me sirve haber vivido tantas vidas si no me acuerdo de ellas. Que están en mi inconsciente, que saltan en los deja-vu y tanta cosa que se dice, puede ser. Creo todo y no creo en nada. Nadie, pero deveras nadie ha podido comprobar qué sigue. Ni los que han visto el túnel. Les creo, la verdad les creo, pero también les creo a los que están en contra. Yo he pasado mi vida deseando que me pase algo extraordinario, aunque sea ver un ovni, pero ni maiz. Todo lo que vivo es bien terrenal. Soy Aristóteles señalando hacia abajo mientras mi alma se identifica con Platón y mira hacia lo que no se ve. Es sábado y traigo neurosis de fin de semana. No me quiero ver. No quiero saber de mí ni acordarme de que vivo porque caigo en el absurdismo. No quiero, pero caigo inevitablemente. Ya he probado la religión, en serio y a fondo. No me sirve porque por más que me esfuerce no creo nada. Si hay un Dios o no (nótese que lo pongo con mayúscula, porque sigo bien influenciada) sí está en duda. O sea, estoy abierta a ello; creo que puede haber un Dios (¿sí?). Pero la religión no dista mucho de la mitología. El Antiguo Testamento no es más que la historia de los hebreos. Y el Nuevo, a saber qué tantas manos han escrito en él, qué queda de verdad y qué es mentira. Y aunque fuera verdad, la interpretación la han dado hombres, seres humanos como yo. Me reí tanto el otro día que leí lo del Gran Monstruo de espagueti o algo así. Una pregunta que me hago siempre sobre los dioses es por qué les gusta tanto que los humanos les ofrezcamos sacrificios. El nuestro ya no se conformaba con cualquier cosa para perdonarnos, eso de que le quemáramos animales o cosecha no le era suficiente. Lo único digno de él era Él mismo en una de sus formas. ¿Por qué a los dioses les gusta ser alabados? ¿son como nosotros entonces? ¿necesitan levantar su autoestima?
Los ritos y las tradiciones le dan sentido a esta vida. Si no las tenemos estamos en peligro de perder el sentido de las cosas y hay que tenerlo o si no esta vida nos convierte en Sísifos ¿verdad Frankl?
Estoy oyendo la de “Y entonces que me digas que no, me pone triste y sentimental...” y pienso en los franceses en Monterrey. Les gustaba esa canción, quién sabe por qué. Y mi mente, que no batalla para enlazar un pensamiento con otro, me lleva a pensar que ahí empezó un gran cambio. Mi hija se enamoró de un francés y ahora tengo una nieta francesa (¿qué te parece papá? tu sangre se mezcló con sangre gala). Pero yo la encaminé hacia allá desde niña. No a Francia precisamente, pero sí a Europa. Los padres no podemos evitar buscar consuelo en que nuestros hijos hagan lo que nosotros siempre quisimos hacer. Y yo quería hacer muchas cosas, por lo pronto huir del tedio, de la vida monótona, de la rutina. Siempre soñando con el imprevisto cuando sonaba el timbre. Nunca llegó.
Domingo. Los domingos son tan espantosos que no vale la pena escribir.
Lunes. Y así pasó mi vida, esperando lo inesperado. Después supe que Heráclito recomendaba eso: “Hay que saber esperar lo inesperado” Y yo siempre supe esperarlo, pero no llegó. Quizá por eso hice tontería y media. O quién sabe qué clase de inesperado esperaba.
El sábado pasado una pareja de Oregón me compró un chorro de cosas. Algunas que no quería vender, pero ni modo. Hay que pagar la tarjeta. Vendí el cuadro de caritas de Yoplait, la cajita de los sueños, el primer arrecife, cajas de horquillas, pescados para el pinito, en total $329 dólares. La verdad debieron haber sido como 500, pero si no, no vendía. En realidad los vendió el Flaco. Yo soy pésima para vender; en mala hora me inculcaron mis padres que vender era humillante. No puedo hacerlo. Siento que estoy mendigando. Pero ah, qué bien se siente que a alguien le guste lo que hiciste y la mejor prueba es que pague por ello. Me puse feliz y me duró un rato. Pero soy piscis, y no batallo para que el pescado Schopenhauer me jale. Es más poderoso que mi pescadito Frankl, que es un dejado. Para el Padre Rico yo estoy hipermetida en la rueda de la rata. Creo que siempre seguiré los consejos del padre pobre. Me encanta estudiar, aprender y ser maestra. También me gusta regalar y hace tiempo descubrí que una de mis vocaciones es ser mecenas. Padrísimo ¿no? Mi casa llena de artistas, pintores, escritores y yo ayudando a todos los que no puedan costeárselo. Pero no me tocó.
La gorda me dice que para qué escribo. Que haga copy paste y ya, pues siempre escribo lo mismo: cosas negativas, tristes, feas. Tiene razón, si checo mis libretas de apuntes todas dicen cosas por el estilo. Creo que nací con la incapacidad de ser feliz y con la autestima por los suelos.Y puedo escribir calditos de pollo, pero no me sandrían del corazón. Sé hacerlo muy bien ¿se vale ser falsa para que a la gente le guste? Yo creo que sí. Maquiavelo diría que sí. ¿No actuamos siempre según ante quien estamos? Somos el mil máscaras. Porque si haces lo que te nace hacer, te ponen una camisa de fuerza. O habría que ser millonaria o famosa para que las locuras se consideren excentricidades. Pero para alguien de clase media ¡a-a! No sé puede. Si bailas con la música de los mariachis en Puerta Maya te dicen “pensé que eras una gringa borracha” No, pues muchas gracias. O sea, alguien que está contenta, que se aguante. Para eso fue creada la educación y buenos modales. ¡Pero si sólo hay una pinky vida! Y encima voy que vuelo para la vejez. ¿Cuándo voy a hacer lo que quiero sin que otro sufra? Las cosas que descubrió Siddartha en su primera salida son horribles. La verdad que esto de la vida es una mala broma, y no me vengan con libritos inspiracionales. De que es, es. Schopenhauer dice la verdad.
Hoy no hubo clase. Adelantaron el 20 de noviembre. Ibamos a ver a los romanos y tendrá que ser mañana ¿cómo se los haré divertido? También tengo que pensar en el mini-bestiario. Cuatro nombres, sólo cuatro nombres.
Martes. Cuatro nombres que ya repartí, pero que fui tan tonta de no anotarlo. Y encima a mi me tocó uno, que si no me equivoco es el cardiolito. Tengo que hacer el cuento. Bien obvio. Un corazón de piedra. A ver que se me ocurre.
Hoy les escribí en el pizarrón un mapa mental sobre Roma. Desde Rómulo hasta Constantino en el Imperio Oriental. Vimos el Derecho Romano, las Doce Tablas, los triunviratos, las Guerras Púnicas, el asesinato de Julio César, y como me encanta contar historias, les platiqué acerca de la advertencia sobre los idus de marzo, sobre la frase que dijo César antes de morir ¿tú también, Brutus? Eso me lo oyen muy atentos. Luego les dije que Constantino se convirtió al cristianismo y la declaró religión oficial del imperio. He ahí porqué somos católicos. Si ha impuesto otra religión, a esa perteneceríamos. Les dije que Octavio se cambió el nombre a Augusto y se antepuso el “César” por su padre adoptivo. Que después César se convirtió en un título, en algo como el emperador, el César. A Aileen le llamó la atención. Con Constantino y Constantinopla empezamos a hablar de los trabalenguas. Les dije que para mí el más difícil es el de camarón-caramelo-caramelo-camarón. Es imposible decirlo muchas veces rápido. Imposible, deveras. De ahí pasamos a los palíndromos y les escribí en el pizarrón Dábale arroz a la zorra el abad y les dije que será pregunta de examen “¿qué le daba a la zorra el Abad? Arroz”.
Me fui triste y regreso igual, con angustia. Todo porque él está así. Y me vuelve a rondar la idea. Y no quiero. No quiero cerrar mi historia con ese final. Pero ya me cuesta tanto seguir... Voy a incluir el cuento que se acaba de escribir para el Mini-Bestiario:

Cardiolito
El cardiolito nació angustiado y desconcertado. Quiere vivir pero no sabe qué hacer con su vida, por eso piensa que no le gusta. El pobrecillo siempre siente una opresión en el pecho que casi no lo deja respirar. Pero ahí va, caminando hacia la eternidad. Sus patas se mueven siempre y lo meten en complicaciones. Lo llevan hacia donde no debería ir.
Muchos lo han descrito como una bestia egoísta, que lastima a otros y les deja su veneno para siempre. Pero lo juzgan así porque, como saben que tiene el corazón de piedra, piensan que no siente. La verdad es que el más lastimado es el cardiolito, precisamente porque le pesa mucho el corazón.
Un día decidió abandonar su madriguera y dejar de ser rutinario. Empezó poco a poquito. Primero asomó su cabeza y le gustó lo que vió afuera. Días después sacó sus patas delanteras y tocó el suave pasto que rodeaba el hoyo por donde saldría. Lo disfrutó tanto que eso lo animó a seguir adelante y salió por completo dejando atrás a su camada. ¿Qué era eso que lo hacía sentir más ligero? El cardiolito no lo sabía, pero era la libertad.
Empezó a visitar distintos lugares y en todos encontraba cosas que hacían que la piedra que tenía en su pecho vibrara y latiera fuerte. Qué feliz se sentía. Todo era nuevo. Todo lo hacía feliz. Sus patas, que antes siempre encajaba en la tierra para que se estuvieran quietas, empezaron a moverse de una manera extraña. Tampoco lo sabía, pero estaba bailando y así bailando pasó su día.
Qué fácil es olvidarse de lo que dejamos de lado cuando somos felices.
El cardiolito comió y bebió cosas que nunca había probado ¿Le harían daño? No quiso pensarlo. Se dedicó a vivir, a ser, a sentir y a gozar. Por primera vez su corazón de piedra amaba la vida.
Pero lo malo de lo bueno es que dura poco. Su camada salió a buscarlo. Lloraban porque no podían creer que hubiera salido de la madriguera tan despreocupado y le echaban en cara su egoísmo. Con reclamos e insultos lo metieron de nuevo. No hubo necesidad de forzarlo, pues le inyectaron una sustancia muy poderosa: la culpa. Así que solito se metió y decidió no volver a salir nunca más de ahí. No quiere lastimar a nadie.
El Cardiolito ya no necesita encajar sus patas en la tierra; la culpa no las deja moverse. Pasa los días de espaldas al hoyo por el que salió y las horas se deslizan pesadas una tras otra, sin diferencia alguna. Todo es absurdo, sin sentido. No hay diferencia entre el día y la noche porque vive en la oscuridad. Pero eso sí, está llegando a ser el que es: todo un cardiolito, porque cada minuto que pasa, su corazón se endurece más y más. Es una verdadera piedra.

Lo voy a escribir a mano. Chin que no tengo mi impresora. Me molesta tanto tener no poder hacer las cosas cuando yo quiero. Esperar y pedir favores...
Martes. Otra vez martes. Pasó de volada esta semana ¿qué hubo? el Ironman este domingo. Rogelio logró hacerlo todo, de verdad que es admirable. Yo creo que yo en bicicleta de aquí a Chankanaab ya estaría con el corazón en la boca. Pero no es como que sea mi vocación, por lo tanto no muero de envidia.
Diciembre 2010.
Miércoles. No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Estoy totalmente aislada y tratando de saber qué siento y qué quiero realmente, tarea nada fácil. Estoy segura de que me faltan unas mil vidas porque no he aprendido nadita. No sé qué camino seguir y no logro vislumbrar la más mínima sombra de lo que es mi misión.
Pienso que voy a escribir también el cuento del psicokourus porque sino el pobre se va a quedar sin su historia, muy solito él, pegado en la pared y viendo que todos los demás ya tienen su cuento. A ver, tratemos pues:

Psicokourus
El ni siquiera está seguro de llamarse así y la verdad es que no es el único que duda de su nombre. Nació pequeño y frágil, como destinado a no vivir. Todos al verlo le auguraron sólo unas horas de vida, pero su alma era tan grande y estaba tan afianzada a su cuerpo que lo sostuvo y le dio aliento una hora, tres horas, cinco días, diez meses, 20 años, medio siglo. Psicokourus se aferró a la vida, que por cierto le tenía muchas malas bromas preparadas. Primero le robó su origen, pero él enterró ese dolor en lo profundo de su ser y decidió sonreir siempre. Después la vida le hacía difícil conseguir lo que se proponía; pero Psicokourus tenía una voluntad correosa y alcanzaba casi siempre sus metas.
Nadie le enseñó a vivir. No tuvo instrucción alguna. Aprendió de la vida, que no era precisamente su mejor amiga.
Tuvo Psicokourus muchas épocas de paz, no lo niega. Pero siempre había rocas por donde caminaba. A veces era él mismo quien las ponía, pero lo hacía sin querer. Es más, ni cuenta se daba. Estaba seguro de su felicidad. ¿Importa acaso ser infeliz cuando se cree que se es feliz? Yo creo que no, mientras no te des cuenta. Y por eso Psicokourus hace que ese mundo inteligible de Platón exista.
¿Quién fue el desgraciado que le dijo la verdad (si es que hay una verdad y si es que hay un desgraciado)? Fue alguien malo o inconsciente, no lo sé. Pero le hizo un daño terrible porque Psicokourus no sabe vivir sin creer que es feliz y a veces parece que se está volviendo loco y en su locura está arrastrando a todos los que están cerca de él.
Alma bonita, alma buena, alma fuerte y frágil, alma trastornada, alma de Psicokourus ¿qué será de tí?

Bueno, pues ya salió el Psicokourus. Lo tendré que llevar escrito a mano porque la impresora no funciona con mi mac. ¿Qué más quiero o debo hacer? Los exámenes parciales, lavar los trastes, algún adorno de navidad para la puerta, pero que sea medio tropical, porque me da no sé qué decorar con cosas tipo Polo Norte frente al mar Caribe. Jamás sentiré que es navidad en Cozumel. Por más que vea pinitos y adornos y que los isleños usen hasta ropa abrigada cuando estamos a veinte grados. Estados Unidos y Europa han impuesto una blanca navidad que no existe en muchísimos paises y les seguimos el juego porque es un cuento bonito. La primera desilusión de los niños ricos: Santa no existe. Después dejamos de creer en muchas cosas más. Hasta que dejamos de creer en nosotros mismos. Golden Slumbers. ¿En dónde está mi casa?
Son las siete y media y ya es noche cerrada. Qué afán de tener en Cozumel la hora equivocada. Deberían ser las ocho y media. Nada más chequen los meridianos y verán. En fin ¿qué son las horas?
Estoy pensando en hacer para mañana un ahorcado filosófico. Ahorita voy a diseñar el juego pero primero me seco el pelo. Por cierto odio decir cabello, mis papás decían pelo y yo también. Y no me albureen por favor.
Viernes. Salió muy bien el ahorcado filosófico. Por lo menos yo me divertí mucho. Después ya en la casa estuve trabajando en la Bella mexicana (pobre David, qué adefesio le hice) y en el Santa de Wendy. Se me van las horas con eso. Después hice la guía para el parcial de historia. En la noche recibí una llamada que me tiene en un estado especial. Asombrándome, como siempre, de las vueltas que da la vida y de lo cambiante que es mi psique.
Acabo de regresar del Partenón y estuve primero un poco traumada porque olvidé la bolsa café en la que llevo todos los libros siempre. Hicimos un recordatorio así nomás. Luego fui a Chedraui, donde Lo nuestro, lo nuestro es que las cajas sean de una lentitud insoportable. Pero compré dulces americanos. Ah. antes de eso mandé dinero a Monterrey. Al regresar al Palmar y bajar las cosas del mandado ¡ahí estaba la bolsa café! Y eso que ya la había ido a buscar a la camioneta. No cabe duda que la noticia que recibí ayer me tiene muy distraída. Ahorita barrí un poco y me dispongo a escribir en la compu las guías de historia y filosofía. También debo hacer los exámenes parciales. La verdad ¡cómo me gusta ser maestra!

2 comentarios:

  1. Es una entrada gigante porque la tenía en pages desde hace días. Después serán más cortas. O probablemente engrosaré las filas de quienes abren un blog y no lo continúan.

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  2. Y, es un blog sólo para mí. No pienso avisarle a nadie (me estoy avisando a mí)

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