Un día la máquina se descompuso. Seguía funcionando pero algunas piezas muy importantes impedían que trabajara al máximo. El problema es que el pueblo entero dependía de esa máquina y había desconcierto porque las vidas de los habitantes cambiarían totalmente si algo fatal llegara a pasar.
Estaban tan asustados que iban a la iglesia y hasta llevaban veladoras a San Judas a ver si así, pero no. Un poco, unos días. Nada más.
Cosultaron con un ingeniero y dio algunas indicaciones que parecieron ser acertadas. Hicieron todo lo que él les dijo. Pero tampoco. Se arreglaba y se descomponía de otra vez.
Un día mandaron traer unas piezas y se las pusieron. Pareció ser el remedio porque la máquina volvió a trabajar casi normalmente por cuatro meses. Pero era sólo un parche.
Se desesperaron tanto al ver que las fallas empezaban de nuevo, que decidieron abandonar el pueblo. Ya llevaban algo de camino andado, estaban a punto de dejar su pueblo atrás, pero la verdad es que no tenían destino alguno y regresaron de nuevo a su lugar. Qué más pueden hacer sino seguir viviendo el día a día aunque sea de esa manera, con todo funcionando a medias.
Con la máquina descompuesta, el polvo vuela por todos lados y oculta los atardeceres. Cuando se hace de noche piensan que al día siguiente la máquina va a funcionar mágicamente. Pero cuando amanece pierden las esperanzas y pasan el día con una angustia espantosa que les oprime el pecho.
Estaban tan asustados que iban a la iglesia y hasta llevaban veladoras a San Judas a ver si así, pero no. Un poco, unos días. Nada más.
Cosultaron con un ingeniero y dio algunas indicaciones que parecieron ser acertadas. Hicieron todo lo que él les dijo. Pero tampoco. Se arreglaba y se descomponía de otra vez.
Un día mandaron traer unas piezas y se las pusieron. Pareció ser el remedio porque la máquina volvió a trabajar casi normalmente por cuatro meses. Pero era sólo un parche.
Se desesperaron tanto al ver que las fallas empezaban de nuevo, que decidieron abandonar el pueblo. Ya llevaban algo de camino andado, estaban a punto de dejar su pueblo atrás, pero la verdad es que no tenían destino alguno y regresaron de nuevo a su lugar. Qué más pueden hacer sino seguir viviendo el día a día aunque sea de esa manera, con todo funcionando a medias.
Con la máquina descompuesta, el polvo vuela por todos lados y oculta los atardeceres. Cuando se hace de noche piensan que al día siguiente la máquina va a funcionar mágicamente. Pero cuando amanece pierden las esperanzas y pasan el día con una angustia espantosa que les oprime el pecho.

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