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domingo, 26 de diciembre de 2010

Eterno Retorno.

Vuelvo a poner, con pequeñas diferencias, la foto del lugar, protagonista de muchas cosas desde que estoy aquí. En cierta manera me recuerda las dos rayas curvas que representan el desierto, lugar de donde partió El principito.
Mi hijo pensó lo mismo que yo. El eterno retorno. Esa vista que tengo enfrente, el mini-malecón de la Melgar, fue protagonista de dos hechos: Primero, un domingo, yo caigo, me golpeo la cabeza y la espalda, viene una ambulancia, me suben en una camilla y me meten dentro de ella. Yo no lo veo porque soy la protagonista, pero mucha gente desde el palmar o el oxxo lo están viendo.
La gente que supo de mi accidente me decía que me atendiera, que me tomara rayos X o algo así. Yo siempre contesté que esperaba a Tom. Que si él decía que necesitaba otra cosa, entonces lo haría.
Los siguientes días, asustada por los dolores que tenía y por la dificultad para subir escaleras con mi dolor de coxis, pensaba en Tom, en que faltaba mucho para el 18 de diciembre, día en que llegaría y con él mi cura. Las manecillas del reloj no se detienen, no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue. Vamos por Tom y Nancy al aeropuerto y en el trayecto María les comenta de mi caída; cuando llegamos a casa de Susan Tom ofrece hacerme el adjustment ahí mismo. Primero pensé en decir, si quieres después, ahora estás cansado del viaje. Pero acepté y Tom acomodó todos mis huesos.
Nos volvimos a ver en la noche, en la fiesta de bienvenida, me preguntó qué tal estaba y yo dije que mucho mejor, pues era verdad. Al despedirnos dijeron que irían a esnorkelear al día siguiente, que si quería acompañarlos pero dije que hacía frío para mí, lo abracé y le di de nuevo las gracias por curarme.
Amaneció y como siempre, Soul Melon y yo preparamos café. Lo estábamos tomando en el balcón cuando vimos gente reunida en la banqueta, casi en el mismo punto en donde yo caí. Al poco rato llegó una ambulancia. Parecía como si viera mi historia desde arriba, como aquellos que se salen de su cuerpo y se miran desde el techo. Ví cómo subían a alguien en una camilla y lo metían en la ambulancia. Llegué a pensar que era una especie de deja-vu y que yo estaba en la camilla.
No voy a escribir con detalle lo demás. Solo diré que quien ocupaba mi lugar era Tom. Vino a curarme, a despedirse de sus amigos de Cozumel esa noche y al día siguiente se fue de este mundo. Yo creo que está en un lugar mejor. Tom era un ángel grande y bueno, por lo tanto dejó un gran hueco en este mundo. Lo vamos a extrañar siempre.

La vida cambió de la noche a la mañana aquí en la isla. Me olvidé de mí por un instante, pero ya volví al ataque desde ayer. Y como siempre, a escribir. Por eso mis notas son schopenhauerianas, porque cuando estoy contenta no escribo. Este blog puede medir mis altibajos ¿cuántos días no escribí? Días en los que deje de introvertirme. Pero ya no es tan confiable desde que apareció twitter... ahí puedo dejar pequeñas notas y pensamientos y me desahogo, pero le hace grueso la competencia al blog.

viernes, 17 de diciembre de 2010


Anoche mi inconsciente me regañó y lanzó una advertencia, algo así como ¿Pero es qué tú no aprendes? ¿Vas a arriesgar todo de nuevo? Piénsalo. Y es que dormida, pues ni en cuenta. El director hace el reparto, elige el tema y de esa manera nos habla. Y me habló bien claro esta vez.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Garbanzo de a libra.


Esta mañana, de paseo, con la gente me encontré; a los guardias, al conserje, y a los maestros saludé. Detrás de cada pupitre, muchos alumnos yo ví, y al salir de la clase me sentía muy feliz.

De esos días extraños que se dan a veces. De Schopenhauer a Viva la Gente, está de no creerse. Pero es que, la verdad, la verdad (lo nuestro, lo nuestro), hubo muchos momentos de sentido en esta mañana. Con mis alumnos, como siempre, muy padre. Tuvieron examen de Historia y les fue bastante bien. Cristal me escribió un mensajito navideño (yo debo escribir miles, por cierto). Tuve momentos lindos con Bety, con Andrea, con Jairo (hablamos de Nietzsche), con Polo, también platiqué con un escultor (me dijo que se llamaba algo así como Rans) que vi por la UNID (wow con la escultura de mármol que está haciendo) , con la Lic. Marisol, con Hazel en Mega... Cosas bonitas por todos lados, frases de aprecio. Batería pura! ¿Por qué no puede ser así todos los días? Las cosas buenas siempre están, pero mi alegría no.
Hoy es la posada del Partenón y sí quiero ir.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La máquina.


Un día la máquina se descompuso. Seguía funcionando pero algunas piezas muy importantes impedían que trabajara al máximo. El problema es que el pueblo entero dependía de esa máquina y había desconcierto porque las vidas de los habitantes cambiarían totalmente si algo fatal llegara a pasar.
Estaban tan asustados que iban a la iglesia y hasta llevaban veladoras a San Judas a ver si así, pero no. Un poco, unos días. Nada más.
Cosultaron con un ingeniero y dio algunas indicaciones que parecieron ser acertadas. Hicieron todo lo que él les dijo. Pero tampoco. Se arreglaba y se descomponía de otra vez.
Un día mandaron traer unas piezas y se las pusieron. Pareció ser el remedio porque la máquina volvió a trabajar casi normalmente por cuatro meses. Pero era sólo un parche.
Se desesperaron tanto al ver que las fallas empezaban de nuevo, que decidieron abandonar el pueblo. Ya llevaban algo de camino andado, estaban a punto de dejar su pueblo atrás, pero la verdad es que no tenían destino alguno y regresaron de nuevo a su lugar. Qué más pueden hacer sino seguir viviendo el día a día aunque sea de esa manera, con todo funcionando a medias.
Con la máquina descompuesta, el polvo vuela por todos lados y oculta los atardeceres. Cuando se hace de noche piensan que al día siguiente la máquina va a funcionar mágicamente. Pero cuando amanece pierden las esperanzas y pasan el día con una angustia espantosa que les oprime el pecho.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El salto


Amanecí toda adolorida y con los ojos adormilados, me cuesta abrirlos. Ya hice café y lavé los trastes que estaban amontonados a ver si mágicamente aparecían limpios. Hoy quiero limpiar el balcón de mi cuarto y tirar cosas que sé que no voy a usar.

Desde "usar" hasta "Desde" pasaron más de cuatro horas. Fui al Partenón a dar clases de Historia y estuvimos repasando la guía. Me duele mucho el cuello y el coxis. Además tengo migraña y me arde el estómago porque tomé sydolil. Fui también a despositar dinero en la tarjeta de Elisa y a pagar la mía. Me siento insegura manejando así; Bety me dijo que ella por menos que lo que me pasó a mí se pone collarín y ya estoy nerviosa. Si algún doctor me asegurara que no tengo nada malo, que mis cervicales están bien, estaría más tranquila.
Como siempre, he estado pensando en el motivo de mi existencia, si es que hay alguno en especial. No me refiero a los seres que he traido al mundo ni a los lazos que he creado. Esas son responsabilidades que he contraído por mí misma. No, de lo que yo hablo es de si deveras yo elegí venir aquí. Por las teorías esas que dicen que tú decides dar el salto y yo creo que yo hubiera dicho que no. No me gusta cómo está diseñada la vida. Eso de la enfermedad, la vejez, el sufrimiento... Y no, no me convencen los libritos motivacionales ni los cursos de milagros, ni el desarrollo humano, ni nada de eso. Consuelos de pacotilla. Sí, ya sé que yo elijo si ser feliz o ser desgraciada. Que soy mi autosaboteadora, que si ya existo lo haga de la mejor manera. Pero no, no y no. Soy piscis, y como pez elegí ser un salmón. He tratado de dejarme llevar por la corriente, de fluir y esas cosas, de ver arcoiris y nubecitas color pastel, pero no, no. Schopenhauer habla con la verdad. No es pesimista, es realista. Estoy de acuerdo con él por más misógino que fuera. Probablemente haya sido un pedante y me habría caído de la patada si lo conociera en vida. Pero afortunadamente me tocó conocerlo por sus libros, y así sí me cae bien.
Sé que debería estar pensando "Uf, pudo haber sido peor, me pude haber roto un hueso o algo más grave" Pero resulta que eso no me da consuelo. Me asusta. Pensar en todas las cosas malas que nos pueden pasar a los humanos me asusta mucho. Le tengo miedo a la vida, qué le voy a hacer.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Azotón dominguero.


Domingo.
Hoy por meterme a la playa a sacar basura me caí gachamente al tratar de salir y volver a la banqueta. Según yo iba a ser buenísima rapeleando pero di el tablazo de espaldas, mi cabeza rebotó dos veces y me pegué en el coxis muy fuerte. Se juntó bolita de gente y un niño gordito me quería tomar foto. Salieron los empleados del Oxxo, se asomaron los que estaban en la alberca del Palmar y una ambulancia me llevó al CMC. Al final no quise que me hicieran tomografía ni rayos X. No creo que se necesitara. Ahorita me está doliendo muchísimo el coxis, la cadera, la cabeza, el codo la rodilla, la pierna... en fin, ando toda lastimada.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Los buitres.


Hey, traigo alergia. Será por haber dormido hasta las nueve? Bueno, me voy a bañar. Odio lavarme el pelo aquí en Cozumel porque nunca se seca y queda todo grifo y ondulado. Pero qué se le va a hacer, ni modo que no me lo lave nunca y lo traiga todo grasoso. Ahora soy caribeña.
Sí me puedo quedar en Cozumel para siempre. No me importa que sea un pueblito y que no tenga vida nocturna si al fin y al cabo ni salgo casi. Lo único que me importa de aquí, es que no hay horno crematorio y yo no quiero que me entierren cuando me muera (y antes de morirme, menos). El otro día que iba al Partenón, di vuelta por la farmacia Iza como siempre y cuando volví a voltear me encuentro con un grupo de buitres comiéndose un animal. Después supe que era un perro porque tenía cola y caninos, pero eso lo supe hasta el día siguiente, cuando ya lo dejaron solo. Ahí estoy de morbosa viendo la escena. Y muy Nat Geo saco mi cámara y empiezo a tomar video y encima, la muy tonta, abro la ventana para que se vea bien. ¿Qué se vea bien? ¡Que huela a todo lo que da! ¡Qué asco! El olor de la muerte me entró hasta el cerebro y volví a pensar que yo no quiero oler así. Quiero que me quemen. Es tan importante para mí que me hace dudar ante la decisión de quedarme aquí para siempre. Podrían llevarme a Cancún, supongo que ahí debe haber un crematorio, pero da la casualidad que tampoco quiero ser metida en una caja. No creo que permitan en el ferry que me trasladen muerta así nomás. La imagen de los buitres me persigue. De hecho lo que queda del perro sigue ahí, pero no volteo cuando paso. Y digo que entonces soy una falsa citando a Epicuro desde los 16 años con aquello de "La muerte, el más temido de los males, no es en realidad nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es y cuando ésta llega nosotros ya no somos" La escribí en la covacha de Río San Juan. Y ahora la puse en la biblioteca del Partenón. Pero mentiras. Lo peor es que pienso que cuando ésta llega, nosotros seguimos siendo. De otra manera, pero seguimos siendo. Que descanso eterno ni que nada. La rueda de Samsara, el eterno retorno, ve tú a saber pero me parece que no nos escapamos de ser.
Acabo de salir de bañarme y veo que viene llegando un cuarto crucero. Es el Celebrity Century. Se nota que estamos en temporada alta.
Bueno, me encanta estar escribiendo (quizá porque hablo poco), pero debo hacer otras cosas. Al rato vengo.

Sábado. Por un momento pensé que era domingo. Alguna sensación me hizo pensar que estaba en el día más feo de la semana. El sábado también es feo, porque sé que le sigue el domingo.
No lo puedo creer, me desperté a las 9:00! Después de días y días despertando a las 5:00. Antier me desperté con el despertador para ir a modelado y siempre me despierto como una hora y media antes de que suene. Ayer como a las siete y hoy a las nueve. La vida cambia constantemente. Nunca es igual aunque parezca rutinaria. Nosotros no somos iguales. Por eso pienso tanto en Heráclito y me admira que desde aquellos tiempos ya alguien pensara en estas cuestiones. Los griegos son admirables. También le creo a Parménides y al ser inmutable, no dudo del mundo ininteligible de Platón. Pero la frase de Heráclito "Nada permanece, sólo el cambio", me da paz.
Antes de empezar mi día estoy, como siempre, tomando un café. No puede ser de otra manera. Si no, no funciono. Ya llegaron tres barcos. Me había acostumbrado a verlos llegar y "estacionarse". A ver qué trae la vida este día.

viernes, 3 de diciembre de 2010


Si no estoy segura de querer ser leída, entonces ¿por qué no vuelvo a escribir en mis libretas, o en pages? Si ya llevo un buen rato en el banquillo de los acusados, y el lugar no es muy cómodo que digamos, aquí estoy corriendo el riesgo de que extraños me juzguen también.
Debería escribir cuentos solamente y tener un blog con seudónimo y la aclaración de que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, y ahora sí ¡túpele! No es mala idea. Puedo vaciar mi alma en algún otro lugar. Aquí la vida diaria, sencillita y uno que otro cuento. Allá mis pesimistas y schopenhauerianos pensamientos.
Había una vez una niña que era muy callada, y el día que su mamá la sorprendió cantando le dijo "síguele, síguele, que nunca te había escuchado" Obvio que no le siguió. Sólo pensó "¿pero es tan raro que yo cante?" Y al parecer sí lo era. Ella tenía una idea de sí misma y los demás una muy diferente. Creo que le pasa a casi todos.
Sí, era callada y seria, por eso sorprendió tanto a todos aquel invierno. "De tí sería la última de quien lo hubiera esperado" ¿Y por qué? ¿Qué sabían en realidad de ella? Que salía poco, que no era amiguera ni fiestera, que no era vanidosa ni coqueta, que tenía una apariencia tranquila y sosegada. Una apariencia nada más, porque sus sueños no eran nada tranquilos: iban muy lejos. Tenía ansia de vivir. Y le pasó lo que a la chava de la canción "Daugther" de Bread le iba a pasar. Y esa niña se hizo viejita, y su vida pasó con más pena que gloria y colorín colorado.

Acabo de ver la fecha de inscripción al blog y me doy cuenta de todo el tiempo que pasó y jamás escribí nada. Lo abrió Martha ¿escriben ellas todavía? Al rato checo.
El año pasado terminó con lágrimas, como un presagio de lo que sería el 2o1o. He perdido tantas cosas en el camino que ya casi no me reconozco. Mi vida cambió súbitamente. Mi nido se vació antes de tiempo. Dejé mi tierra y llegué a esta isla con muchas espinas en el corazón. Antes entraba al mar para ver si la sal secaba las heridas. Pero fui perdiendo las ganas de todo y ya hace mucho que no esnorqueleo. Ahora el mar está frío y tendré que esperar a que llegue el verano si es que quiero volver a entrar. Los arrecifes son hermosos y el agua tan transparente es una belleza, pero me gustaría que tuviera tanta arena como hay en la Isla del Padre. Que la entrada al mar fuera así, con un suave declive y sin piedras. Me gusta jugar en la arena y caminar en ella con el mar acercándose a mis pies. Eso no se puede hacer aquí. Hay que cargar con aletas, visor y snorkel.
La calma parece regresar poco a poco a mi vida. Las ganas de seguir adelante me las devolvieron siete adolescentes, cinco niñas y dos niños a quienes afortunadamente veo todos los días (bueno, una de ellas falta muy seguido). ¡Cómo los voy a extrañar cuando se vayan en mayo! Todos son lindos, de todos aprendo algo. Ojalá que logre que ellos también aprendan algo para siempre. Por lo menos creo que no van a olvidar que los sofistas cobraban y que Diógenes el cínico dormía en un barril. Ah, y que Maquiavelo no se llamaba Ignacio. Voy a hacer una lista el lunes, preguntándoles qué cosas creen que no van a olvidar.

Cuéntale tus planes.

Viernes en la noche.
Me pierdo en las fechas. Cozumel tiene ese efecto sobre mí. Y eso que doy clases, las preparo, asisto... debería estar más enterada de qué día es hoy. Voy a ver.
Sí, mis sospechas eran ciertas. Es 3 de diciembre. Dentro de cinco días cumple un año Iker y me pregunto si lo volveré a ver antes de que cumpla 18 años y decida por él mismo conocerme, aunque sea por mera curiosidad.
Pasé la tarde haciendo los exámenes parciales. Ahora falta la guía, pero ya no la voy a hacer hoy. Es viernes de cuba. Me quedó la costumbre de los viernes dionisíacos.
El Royal comienza a alejarse de aquí. Va hacia el sur, probablemente a Roatán, señal de que su viaje aún no terminará. Hoy hubo muchos cruceros y ayer también.
Ay, cómo cambia la vida. Es impresionante. Deveras que es cierto eso de ¿quieres hacer reir al destino? Cuéntale tus planes. Por eso decidí no hacerlos más. Un poco de diseño y ya pero ilusiones no ¿para qué? Mejor así, lo que caiga es bueno.
Y la mente, Dios mío! Es capaz de crear mundos sobre mundos y volver mitómano a cualquiera.
Mis peces están más inquietos que nunca, tiran y tiran cada uno para su lado.
Hablando de peces y de lo muy piscis que soy, hoy pensé que el pez por la boca muere. Y que el ser humano vive tropezando con la misma piedra una y otra vez.
A ver, escribiré un cuent al vuelo.
La esfinge Maragata.
Así le decía su madre porque no lloraba ni reía. Pero se me hace que sí lloraba y también reía. Tendría la esfinge cinco años aquella tarde de verano cuando perdió su pulserita en el jardín. La buscaba por todos lados: bajo el tendedero, junto al aguacate, en los limones, por donde estaba la colchoneta y nada, nada de pulserita. Su nana le dijo ¿No la encuentras? Llora y va a aparecer.
Pero ella no lloraba; no por orgullo ni nada en especial, simplemente no le daban ganas. Empezó a oscurecer y la nana se dio por vencida. Supo que la esfinge no iba a llorar y le entregó la pulsera.
Años después, siendo una adolescente, su hermano hizo un comentario que la sorprendió. Estaban viendo ensalada de locos y ella rió con gusto por alguna tontería. El dijo Es la primera vez que te escucho reir. Y ella guardó esas palabras y las meditó en su corazón. Tan hondo calaron que no las olvida.

Dos semanas, dos cuentos.

Noviembre 2010.
Jueves. Soy mamá en el siglo XXI, y me siento culpable porque no puedo seguir manteniendo a mis hijos adultos. No es lo normal en la clase bien de estos tiempos en que los niños viven bajo el ala paternal hasta los 30 años. Chin, ya estoy escribiendo como mujer. Mi hijo mayor dice que en las primeras líneas él puede detectar si el libro lo escribió una mujer o un hombre. No es que yo los crea superiores. Sé que somos diferentes, pero cuando te ofrecen dos cosas diferentes, muchas veces te gusta más una que otra. ¿Pero qué estoy diciendo? Hay libros que me han encantado y los escribieron mujeres; algunos de ellos son best sellers y no, no me apena decir que leo best sellers y me han llegado a gustar. No soy culturosa, como diría el gordo. Cuando he participado en alguna exposición de pintura no me he vestido de Frida Kahlo (cliché que me repatea), ni de negro, ni hippiosa. Leo lo que me gusta y veo lo que me gusta, así sea una telenovela. Claro que da pena aceptarlo a veces, pero ahora ya me estoy atreviendo a decir lo que soy. No me resta cultura o tal vez sí ¿quién tiene la palabra en esto? Todos somos seres humanos.
Viernes. Amanecí de malas; triste, enojada. Tal vez ayer me atrapó el daimon que me dice que no quiero estar aquí, me lo afirma y luego, cuando ya me convence, se ríe de mí porque sabe que no me iré nunca. Estuve en clase con mis siete niños; hablamos de mitología griega ¡ay, cómo me gusta ese tema desde chica! Era una geek que leía comics de Mitología Griega y Vidas Ejemplares (Editorial Novaro) y los disfrutaba muchísimo. Es que los dioses griegos son muy divertidos. Humanos, demasiado humanos y divinos en todo sentido.
Al salir del Partenón mi alma asumió que mañana es sábado y tal vez es eso lo que me entristeció. Más claro ni el agua. Mugre daimon, tienes razón. Seguro te llamas Ana María, porque Hillman dice que tienes el nombre o el apodo que no nos gusta. Bueno, voy de nuevo al banco a enviar dinero a los renuevos de olivo. Me da flojera salir otra vez, pero naimod, como dice mi pollito de azúcar. Creo que esa palabra sólo tiene significado en mi casa; deriva de la frase “ni modo”, que es exclusivamente mexicana.
Quiero estar en el ahora de Tolle, pero mi mente es como el mar de Cozumel cuando hay norte. Trato de dejar que se calmen las olas, pero nada, estoy bajo el poder del no existe.
¿Alguna vez volveré a ser...
Sábado. Chin, corté aquí y ya no sé qué es lo que me preguntaba. Porque de ser, soy. He querido ser muchas cosas y jamás estoy conforme. Vivir mil vidas al mismo tiempo siendo consciente de ello. Porque la rueda de Samsara, ni al caso. De qué me sirve haber vivido tantas vidas si no me acuerdo de ellas. Que están en mi inconsciente, que saltan en los deja-vu y tanta cosa que se dice, puede ser. Creo todo y no creo en nada. Nadie, pero deveras nadie ha podido comprobar qué sigue. Ni los que han visto el túnel. Les creo, la verdad les creo, pero también les creo a los que están en contra. Yo he pasado mi vida deseando que me pase algo extraordinario, aunque sea ver un ovni, pero ni maiz. Todo lo que vivo es bien terrenal. Soy Aristóteles señalando hacia abajo mientras mi alma se identifica con Platón y mira hacia lo que no se ve. Es sábado y traigo neurosis de fin de semana. No me quiero ver. No quiero saber de mí ni acordarme de que vivo porque caigo en el absurdismo. No quiero, pero caigo inevitablemente. Ya he probado la religión, en serio y a fondo. No me sirve porque por más que me esfuerce no creo nada. Si hay un Dios o no (nótese que lo pongo con mayúscula, porque sigo bien influenciada) sí está en duda. O sea, estoy abierta a ello; creo que puede haber un Dios (¿sí?). Pero la religión no dista mucho de la mitología. El Antiguo Testamento no es más que la historia de los hebreos. Y el Nuevo, a saber qué tantas manos han escrito en él, qué queda de verdad y qué es mentira. Y aunque fuera verdad, la interpretación la han dado hombres, seres humanos como yo. Me reí tanto el otro día que leí lo del Gran Monstruo de espagueti o algo así. Una pregunta que me hago siempre sobre los dioses es por qué les gusta tanto que los humanos les ofrezcamos sacrificios. El nuestro ya no se conformaba con cualquier cosa para perdonarnos, eso de que le quemáramos animales o cosecha no le era suficiente. Lo único digno de él era Él mismo en una de sus formas. ¿Por qué a los dioses les gusta ser alabados? ¿son como nosotros entonces? ¿necesitan levantar su autoestima?
Los ritos y las tradiciones le dan sentido a esta vida. Si no las tenemos estamos en peligro de perder el sentido de las cosas y hay que tenerlo o si no esta vida nos convierte en Sísifos ¿verdad Frankl?
Estoy oyendo la de “Y entonces que me digas que no, me pone triste y sentimental...” y pienso en los franceses en Monterrey. Les gustaba esa canción, quién sabe por qué. Y mi mente, que no batalla para enlazar un pensamiento con otro, me lleva a pensar que ahí empezó un gran cambio. Mi hija se enamoró de un francés y ahora tengo una nieta francesa (¿qué te parece papá? tu sangre se mezcló con sangre gala). Pero yo la encaminé hacia allá desde niña. No a Francia precisamente, pero sí a Europa. Los padres no podemos evitar buscar consuelo en que nuestros hijos hagan lo que nosotros siempre quisimos hacer. Y yo quería hacer muchas cosas, por lo pronto huir del tedio, de la vida monótona, de la rutina. Siempre soñando con el imprevisto cuando sonaba el timbre. Nunca llegó.
Domingo. Los domingos son tan espantosos que no vale la pena escribir.
Lunes. Y así pasó mi vida, esperando lo inesperado. Después supe que Heráclito recomendaba eso: “Hay que saber esperar lo inesperado” Y yo siempre supe esperarlo, pero no llegó. Quizá por eso hice tontería y media. O quién sabe qué clase de inesperado esperaba.
El sábado pasado una pareja de Oregón me compró un chorro de cosas. Algunas que no quería vender, pero ni modo. Hay que pagar la tarjeta. Vendí el cuadro de caritas de Yoplait, la cajita de los sueños, el primer arrecife, cajas de horquillas, pescados para el pinito, en total $329 dólares. La verdad debieron haber sido como 500, pero si no, no vendía. En realidad los vendió el Flaco. Yo soy pésima para vender; en mala hora me inculcaron mis padres que vender era humillante. No puedo hacerlo. Siento que estoy mendigando. Pero ah, qué bien se siente que a alguien le guste lo que hiciste y la mejor prueba es que pague por ello. Me puse feliz y me duró un rato. Pero soy piscis, y no batallo para que el pescado Schopenhauer me jale. Es más poderoso que mi pescadito Frankl, que es un dejado. Para el Padre Rico yo estoy hipermetida en la rueda de la rata. Creo que siempre seguiré los consejos del padre pobre. Me encanta estudiar, aprender y ser maestra. También me gusta regalar y hace tiempo descubrí que una de mis vocaciones es ser mecenas. Padrísimo ¿no? Mi casa llena de artistas, pintores, escritores y yo ayudando a todos los que no puedan costeárselo. Pero no me tocó.
La gorda me dice que para qué escribo. Que haga copy paste y ya, pues siempre escribo lo mismo: cosas negativas, tristes, feas. Tiene razón, si checo mis libretas de apuntes todas dicen cosas por el estilo. Creo que nací con la incapacidad de ser feliz y con la autestima por los suelos.Y puedo escribir calditos de pollo, pero no me sandrían del corazón. Sé hacerlo muy bien ¿se vale ser falsa para que a la gente le guste? Yo creo que sí. Maquiavelo diría que sí. ¿No actuamos siempre según ante quien estamos? Somos el mil máscaras. Porque si haces lo que te nace hacer, te ponen una camisa de fuerza. O habría que ser millonaria o famosa para que las locuras se consideren excentricidades. Pero para alguien de clase media ¡a-a! No sé puede. Si bailas con la música de los mariachis en Puerta Maya te dicen “pensé que eras una gringa borracha” No, pues muchas gracias. O sea, alguien que está contenta, que se aguante. Para eso fue creada la educación y buenos modales. ¡Pero si sólo hay una pinky vida! Y encima voy que vuelo para la vejez. ¿Cuándo voy a hacer lo que quiero sin que otro sufra? Las cosas que descubrió Siddartha en su primera salida son horribles. La verdad que esto de la vida es una mala broma, y no me vengan con libritos inspiracionales. De que es, es. Schopenhauer dice la verdad.
Hoy no hubo clase. Adelantaron el 20 de noviembre. Ibamos a ver a los romanos y tendrá que ser mañana ¿cómo se los haré divertido? También tengo que pensar en el mini-bestiario. Cuatro nombres, sólo cuatro nombres.
Martes. Cuatro nombres que ya repartí, pero que fui tan tonta de no anotarlo. Y encima a mi me tocó uno, que si no me equivoco es el cardiolito. Tengo que hacer el cuento. Bien obvio. Un corazón de piedra. A ver que se me ocurre.
Hoy les escribí en el pizarrón un mapa mental sobre Roma. Desde Rómulo hasta Constantino en el Imperio Oriental. Vimos el Derecho Romano, las Doce Tablas, los triunviratos, las Guerras Púnicas, el asesinato de Julio César, y como me encanta contar historias, les platiqué acerca de la advertencia sobre los idus de marzo, sobre la frase que dijo César antes de morir ¿tú también, Brutus? Eso me lo oyen muy atentos. Luego les dije que Constantino se convirtió al cristianismo y la declaró religión oficial del imperio. He ahí porqué somos católicos. Si ha impuesto otra religión, a esa perteneceríamos. Les dije que Octavio se cambió el nombre a Augusto y se antepuso el “César” por su padre adoptivo. Que después César se convirtió en un título, en algo como el emperador, el César. A Aileen le llamó la atención. Con Constantino y Constantinopla empezamos a hablar de los trabalenguas. Les dije que para mí el más difícil es el de camarón-caramelo-caramelo-camarón. Es imposible decirlo muchas veces rápido. Imposible, deveras. De ahí pasamos a los palíndromos y les escribí en el pizarrón Dábale arroz a la zorra el abad y les dije que será pregunta de examen “¿qué le daba a la zorra el Abad? Arroz”.
Me fui triste y regreso igual, con angustia. Todo porque él está así. Y me vuelve a rondar la idea. Y no quiero. No quiero cerrar mi historia con ese final. Pero ya me cuesta tanto seguir... Voy a incluir el cuento que se acaba de escribir para el Mini-Bestiario:

Cardiolito
El cardiolito nació angustiado y desconcertado. Quiere vivir pero no sabe qué hacer con su vida, por eso piensa que no le gusta. El pobrecillo siempre siente una opresión en el pecho que casi no lo deja respirar. Pero ahí va, caminando hacia la eternidad. Sus patas se mueven siempre y lo meten en complicaciones. Lo llevan hacia donde no debería ir.
Muchos lo han descrito como una bestia egoísta, que lastima a otros y les deja su veneno para siempre. Pero lo juzgan así porque, como saben que tiene el corazón de piedra, piensan que no siente. La verdad es que el más lastimado es el cardiolito, precisamente porque le pesa mucho el corazón.
Un día decidió abandonar su madriguera y dejar de ser rutinario. Empezó poco a poquito. Primero asomó su cabeza y le gustó lo que vió afuera. Días después sacó sus patas delanteras y tocó el suave pasto que rodeaba el hoyo por donde saldría. Lo disfrutó tanto que eso lo animó a seguir adelante y salió por completo dejando atrás a su camada. ¿Qué era eso que lo hacía sentir más ligero? El cardiolito no lo sabía, pero era la libertad.
Empezó a visitar distintos lugares y en todos encontraba cosas que hacían que la piedra que tenía en su pecho vibrara y latiera fuerte. Qué feliz se sentía. Todo era nuevo. Todo lo hacía feliz. Sus patas, que antes siempre encajaba en la tierra para que se estuvieran quietas, empezaron a moverse de una manera extraña. Tampoco lo sabía, pero estaba bailando y así bailando pasó su día.
Qué fácil es olvidarse de lo que dejamos de lado cuando somos felices.
El cardiolito comió y bebió cosas que nunca había probado ¿Le harían daño? No quiso pensarlo. Se dedicó a vivir, a ser, a sentir y a gozar. Por primera vez su corazón de piedra amaba la vida.
Pero lo malo de lo bueno es que dura poco. Su camada salió a buscarlo. Lloraban porque no podían creer que hubiera salido de la madriguera tan despreocupado y le echaban en cara su egoísmo. Con reclamos e insultos lo metieron de nuevo. No hubo necesidad de forzarlo, pues le inyectaron una sustancia muy poderosa: la culpa. Así que solito se metió y decidió no volver a salir nunca más de ahí. No quiere lastimar a nadie.
El Cardiolito ya no necesita encajar sus patas en la tierra; la culpa no las deja moverse. Pasa los días de espaldas al hoyo por el que salió y las horas se deslizan pesadas una tras otra, sin diferencia alguna. Todo es absurdo, sin sentido. No hay diferencia entre el día y la noche porque vive en la oscuridad. Pero eso sí, está llegando a ser el que es: todo un cardiolito, porque cada minuto que pasa, su corazón se endurece más y más. Es una verdadera piedra.

Lo voy a escribir a mano. Chin que no tengo mi impresora. Me molesta tanto tener no poder hacer las cosas cuando yo quiero. Esperar y pedir favores...
Martes. Otra vez martes. Pasó de volada esta semana ¿qué hubo? el Ironman este domingo. Rogelio logró hacerlo todo, de verdad que es admirable. Yo creo que yo en bicicleta de aquí a Chankanaab ya estaría con el corazón en la boca. Pero no es como que sea mi vocación, por lo tanto no muero de envidia.
Diciembre 2010.
Miércoles. No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Estoy totalmente aislada y tratando de saber qué siento y qué quiero realmente, tarea nada fácil. Estoy segura de que me faltan unas mil vidas porque no he aprendido nadita. No sé qué camino seguir y no logro vislumbrar la más mínima sombra de lo que es mi misión.
Pienso que voy a escribir también el cuento del psicokourus porque sino el pobre se va a quedar sin su historia, muy solito él, pegado en la pared y viendo que todos los demás ya tienen su cuento. A ver, tratemos pues:

Psicokourus
El ni siquiera está seguro de llamarse así y la verdad es que no es el único que duda de su nombre. Nació pequeño y frágil, como destinado a no vivir. Todos al verlo le auguraron sólo unas horas de vida, pero su alma era tan grande y estaba tan afianzada a su cuerpo que lo sostuvo y le dio aliento una hora, tres horas, cinco días, diez meses, 20 años, medio siglo. Psicokourus se aferró a la vida, que por cierto le tenía muchas malas bromas preparadas. Primero le robó su origen, pero él enterró ese dolor en lo profundo de su ser y decidió sonreir siempre. Después la vida le hacía difícil conseguir lo que se proponía; pero Psicokourus tenía una voluntad correosa y alcanzaba casi siempre sus metas.
Nadie le enseñó a vivir. No tuvo instrucción alguna. Aprendió de la vida, que no era precisamente su mejor amiga.
Tuvo Psicokourus muchas épocas de paz, no lo niega. Pero siempre había rocas por donde caminaba. A veces era él mismo quien las ponía, pero lo hacía sin querer. Es más, ni cuenta se daba. Estaba seguro de su felicidad. ¿Importa acaso ser infeliz cuando se cree que se es feliz? Yo creo que no, mientras no te des cuenta. Y por eso Psicokourus hace que ese mundo inteligible de Platón exista.
¿Quién fue el desgraciado que le dijo la verdad (si es que hay una verdad y si es que hay un desgraciado)? Fue alguien malo o inconsciente, no lo sé. Pero le hizo un daño terrible porque Psicokourus no sabe vivir sin creer que es feliz y a veces parece que se está volviendo loco y en su locura está arrastrando a todos los que están cerca de él.
Alma bonita, alma buena, alma fuerte y frágil, alma trastornada, alma de Psicokourus ¿qué será de tí?

Bueno, pues ya salió el Psicokourus. Lo tendré que llevar escrito a mano porque la impresora no funciona con mi mac. ¿Qué más quiero o debo hacer? Los exámenes parciales, lavar los trastes, algún adorno de navidad para la puerta, pero que sea medio tropical, porque me da no sé qué decorar con cosas tipo Polo Norte frente al mar Caribe. Jamás sentiré que es navidad en Cozumel. Por más que vea pinitos y adornos y que los isleños usen hasta ropa abrigada cuando estamos a veinte grados. Estados Unidos y Europa han impuesto una blanca navidad que no existe en muchísimos paises y les seguimos el juego porque es un cuento bonito. La primera desilusión de los niños ricos: Santa no existe. Después dejamos de creer en muchas cosas más. Hasta que dejamos de creer en nosotros mismos. Golden Slumbers. ¿En dónde está mi casa?
Son las siete y media y ya es noche cerrada. Qué afán de tener en Cozumel la hora equivocada. Deberían ser las ocho y media. Nada más chequen los meridianos y verán. En fin ¿qué son las horas?
Estoy pensando en hacer para mañana un ahorcado filosófico. Ahorita voy a diseñar el juego pero primero me seco el pelo. Por cierto odio decir cabello, mis papás decían pelo y yo también. Y no me albureen por favor.
Viernes. Salió muy bien el ahorcado filosófico. Por lo menos yo me divertí mucho. Después ya en la casa estuve trabajando en la Bella mexicana (pobre David, qué adefesio le hice) y en el Santa de Wendy. Se me van las horas con eso. Después hice la guía para el parcial de historia. En la noche recibí una llamada que me tiene en un estado especial. Asombrándome, como siempre, de las vueltas que da la vida y de lo cambiante que es mi psique.
Acabo de regresar del Partenón y estuve primero un poco traumada porque olvidé la bolsa café en la que llevo todos los libros siempre. Hicimos un recordatorio así nomás. Luego fui a Chedraui, donde Lo nuestro, lo nuestro es que las cajas sean de una lentitud insoportable. Pero compré dulces americanos. Ah. antes de eso mandé dinero a Monterrey. Al regresar al Palmar y bajar las cosas del mandado ¡ahí estaba la bolsa café! Y eso que ya la había ido a buscar a la camioneta. No cabe duda que la noticia que recibí ayer me tiene muy distraída. Ahorita barrí un poco y me dispongo a escribir en la compu las guías de historia y filosofía. También debo hacer los exámenes parciales. La verdad ¡cómo me gusta ser maestra!