Mi hijo pensó lo mismo que yo. El eterno retorno. Esa vista que tengo enfrente, el mini-malecón de la Melgar, fue protagonista de dos hechos: Primero, un domingo, yo caigo, me golpeo la cabeza y la espalda, viene una ambulancia, me suben en una camilla y me meten dentro de ella. Yo no lo veo porque soy la protagonista, pero mucha gente desde el palmar o el oxxo lo están viendo.
La gente que supo de mi accidente me decía que me atendiera, que me tomara rayos X o algo así. Yo siempre contesté que esperaba a Tom. Que si él decía que necesitaba otra cosa, entonces lo haría.
Los siguientes días, asustada por los dolores que tenía y por la dificultad para subir escaleras con mi dolor de coxis, pensaba en Tom, en que faltaba mucho para el 18 de diciembre, día en que llegaría y con él mi cura. Las manecillas del reloj no se detienen, no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue. Vamos por Tom y Nancy al aeropuerto y en el trayecto María les comenta de mi caída; cuando llegamos a casa de Susan Tom ofrece hacerme el adjustment ahí mismo. Primero pensé en decir, si quieres después, ahora estás cansado del viaje. Pero acepté y Tom acomodó todos mis huesos.
Nos volvimos a ver en la noche, en la fiesta de bienvenida, me preguntó qué tal estaba y yo dije que mucho mejor, pues era verdad. Al despedirnos dijeron que irían a esnorkelear al día siguiente, que si quería acompañarlos pero dije que hacía frío para mí, lo abracé y le di de nuevo las gracias por curarme.
Amaneció y como siempre, Soul Melon y yo preparamos café. Lo estábamos tomando en el balcón cuando vimos gente reunida en la banqueta, casi en el mismo punto en donde yo caí. Al poco rato llegó una ambulancia. Parecía como si viera mi historia desde arriba, como aquellos que se salen de su cuerpo y se miran desde el techo. Ví cómo subían a alguien en una camilla y lo metían en la ambulancia. Llegué a pensar que era una especie de deja-vu y que yo estaba en la camilla.
No voy a escribir con detalle lo demás. Solo diré que quien ocupaba mi lugar era Tom. Vino a curarme, a despedirse de sus amigos de Cozumel esa noche y al día siguiente se fue de este mundo. Yo creo que está en un lugar mejor. Tom era un ángel grande y bueno, por lo tanto dejó un gran hueco en este mundo. Lo vamos a extrañar siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario