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viernes, 3 de diciembre de 2010


Si no estoy segura de querer ser leída, entonces ¿por qué no vuelvo a escribir en mis libretas, o en pages? Si ya llevo un buen rato en el banquillo de los acusados, y el lugar no es muy cómodo que digamos, aquí estoy corriendo el riesgo de que extraños me juzguen también.
Debería escribir cuentos solamente y tener un blog con seudónimo y la aclaración de que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, y ahora sí ¡túpele! No es mala idea. Puedo vaciar mi alma en algún otro lugar. Aquí la vida diaria, sencillita y uno que otro cuento. Allá mis pesimistas y schopenhauerianos pensamientos.
Había una vez una niña que era muy callada, y el día que su mamá la sorprendió cantando le dijo "síguele, síguele, que nunca te había escuchado" Obvio que no le siguió. Sólo pensó "¿pero es tan raro que yo cante?" Y al parecer sí lo era. Ella tenía una idea de sí misma y los demás una muy diferente. Creo que le pasa a casi todos.
Sí, era callada y seria, por eso sorprendió tanto a todos aquel invierno. "De tí sería la última de quien lo hubiera esperado" ¿Y por qué? ¿Qué sabían en realidad de ella? Que salía poco, que no era amiguera ni fiestera, que no era vanidosa ni coqueta, que tenía una apariencia tranquila y sosegada. Una apariencia nada más, porque sus sueños no eran nada tranquilos: iban muy lejos. Tenía ansia de vivir. Y le pasó lo que a la chava de la canción "Daugther" de Bread le iba a pasar. Y esa niña se hizo viejita, y su vida pasó con más pena que gloria y colorín colorado.

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