Acaba de irte de una vez por todas. Las promesas de que cuando tú llegaras se acabaría el mundo nunca las creí, pero la maldita esperanza...
De golpe y porrazo este año me topé con algo muy triste: Si le dieran a elegir, no hubiera crecido conmigo. Quién me manda estar pidiendo dedicatorias estúpidas.
No sé qué sigue. Pero o cambio o me voy de aquí, porque ya no me soporto.
Tampoco quiero decir ¡Bienvenido 2013! Porque ya no espero nada de la vida ¿triste? sí ¿cierto? también. O quizá espero mucho, espero que los que quiero me digan que me quieren como soy, que no me cambiarían. Que me aceptan así, rara, distinta.
Adiós 2012, año del dragón, año maya, año en que cumplí 56 y nací en el 56, año que me regresó a Monterrey, tierra que tanto daño me hace.


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