Los buitres
Buitres, zopilotes, auras, ve tú a saber. Los he visto toda mi vida volando en las alturas, sostenidos por la bolsa de aire que se hace por el cerro de la Mitras. De chiquita les decía auras y para mí era normal. Ya más grande me preguntaron que de dónde había sacado ese nombre y yo dije que Santos, Gaby, Mary y todas ellas les decían así y por lo tanto mis hermanos y yo (los de la segunda camada) les decíamos auras.
Pero dejé de llamarles auras, como dejé de andar descalza.
Aunque no pueda decir de ellos ¡pero qué tierno animal! siempre los vi con simpatía, como parte de mi entorno.
Cuando me sumergí, allá por los años setenta en Reino Salvaje, en los libros de Félix Rodríguez de la Fuente, en la vida íntima de los animales y las largas pláticas con mi gordito aprendí que sin ellos no podríamos vivir. Lo había sabido siempre, pero como que me adentré más en detalles científicos sobre lo que sería un mundo sin buitres, las bacterias y todo eso. Y sé que no siempre son carroñeros. Los he visto llevar en sus garras un polluelo de urraca que tampoco se llama urraca (he llegado a la conclusión de que son chanates).
La cosa no es si los buitres son útiles o no. Todo lo puesto por la naturaleza lo es. El problema con ellos o más bien conmigo, es que un día yendo a dar clases a la prepa, me los encontré en la calle por la que siempre doy vuelta, ahí por donde está el convento de las adoratrices. Eran un montón y me detuve a ver qué estaban comiendo. Ellos apenas si daban pequeños saltos como diciendo pásale y déjanos comer en paz. Pero ahí voy, muy a lo discovery channel y empiezo a filmarlos. Primero pensé que lo que comían era una cabra -olvidé que en esta isla no hay cabras- pero no, era un perro del que todavía se podían distinguir la cola y parte de las orejas. Estúpida de mí que abro la ventana para filmar más de cerca y el hedor de la muerte entró de lleno por todos lados, sobre todo por mis fosas nasales hasta llegar a taladrar el cerebro. Qué asco, dije en voz alta, pero seguí tratando de ser profesional (o morbosa). Y en el pecado llevé la penitencia, pues el olor me acompañó muchas horas.
Los tuve presentes durante toda la clase. Primero se lo conté a una maestra y le mostré el video. Los buitres comiendo algo al ritmo del reggetón que, sin darme cuenta quedó grabado. Y ahí los estoy observando peleando por un pedazo de carne mientras se escucha “iban por bronceado y sus amigas buscaban acción, reggetón, piden reggetón”. Así funciona en las películas. La canción más tierna e infantil se puede tornar macabra si al mismo tiempo ves a un loco destazando a una mujer. Aquí la música que incita a bailar aunada a la escena de los buitres comiendo al perro resultó una combinación extraña, digna de un thriller.
Después intenté dar clase de historia, pero terminé contando lo que acababa de ver. Un alumno me dijo que él creía que se llamaban zopilotes y le dije que sí, que era lo mismo. Terminó la clase, llegué a casa y vuelta a contar lo que había visto. Pero ahora empecé a sentir que me estaban provocando miedo. Yo sé mi cuento y yo sé por qué. Jamás me dan miedo los animales, creo que ni las cucarachas. Pero esta vez era distinto. El perro era yo, que morí al aire libre en esta isla tan llena de vida y de buitres. Ellos me encontrarían primero, claro. Son expertos. Esa pesadilla me acompañó muchos días.
Al día siguiente pasé por el mismo lugar. La cola del perro ya estaba completamente pelada. Los buitres seguían ahí porque el pobre perro, o el afortunado perro que ya no sentía dolor, tenía todavía pedazos de carne o de piel que ofrecer.
Antes de entrar al salón le dije a mi muy querido alumno que ahí seguían los buitres. El me dijo que le había preguntado a su abuelita y ella le había confirmado que, en efecto, eran zopilotes. Es un regionalismo, dije; quizá venga de zopilotl o algo así. Es como decir búho o tecolote; pavo o guajolote. En fin, el caso es que me pregunta Maestra ¿por qué no toma otro camino para llegar aquí si no quiere verlos? Y con esa pregunta me quedé todo el día: ¿Por qué sigo haciendo lo mismo si no lo quiero hacer?

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