
Otra vez el tsunami que cuando yo era chica se llamaba maremoto ¿o no es lo mismo? Es el segundo sueño que tengo sobre el mismo tema, pero ahora fue largo y detallado.
Estábamos buscando casa (otro sueño repetitivo) y yo quería Petrarca. Estaba junto a la de Málaga. Petrarca estaba a punto de desocuparse y los inquilinos no habían estado agusto viviendo ahí. Yo pensaba que sería una buena solución vender Málaga y comprar Petrarca. después meditaba y consideraba una tontería vender una casa mucho más grande y bonita para cambiarla por la pequeña. En eso estábamos, creo que Elisa, Marilú, Adrián y yo, cuando desde la terraza de la casa veíamos el mar retirarse. Primero sólo un poco, pero el efecto siguió. Las reacciones fueron variadas. Primero pensamos en huir, pero por alguna razón tardábamos en hacerlo. Además, como que no había hacia dónde.
Alguien no se atrevía a manejar mi camioneta (que era la cadillac de Marilú).
Los minutos pasaban y la gente poco a poco se acercó a ver el fondo marino, incluso a caminar sobre él. Era rocoso. El mar ya estaba lejísimos. Adrián y yo fuimos de los excursionistas. Algún problema con una familia, no recuerdo bien qué sucedía; creo que eran los que vivían en Petrarca, pero como que teníamos obligaciones hacia ellos.
El hecho es que nos fuimos de ahí sin mirar atrás (¿alguna coincidencia?) y nos aventuramos por el lecho marino. No había peces muertos ni cosas por el estilo, pero sí pequeñas rancherías delimitadas con las típicas bardas de palitos y alambre de púas. Concluímos que eran islotes de los cuáles no habíamos sabido nunca su existencia.
Caballos. Sus dueños sin pensar en el fenómeno nos los ofrecían en renta y aceptábamos. Montábamos y dábamos algunas vueltas por ahí y el caballerango nos decía -Llévenlos a las calles, les gusta caminar por pavimento. Nos íbamos hacia allá, pero de repente no eran caballos lo que habíamos rentado, era una perrita pug, curiosamente muy parecida a Emma, y con el mismo nombre. Cuando llegamos a la casa con ella yo me sentía un poco culpable. Se iban a enojar porque habíamos pagado por rentar a una perrita, en vez de sacar a pasear a Poulette o a la Emma original. El caso es que la dejamos afuera y cuando me asomo por la ventana desubro que la pug era en realidad una ardilla voladora. Volaba con rapidez y se lanzaba contra paredes de concreto en donde quedaba adherida como tapete y lista para dormir. Alguien la molestaba y se tenía que ir. Volaba entonces hacia una pared de blocks que estaba junto a nuestra casa y ahí se pegaba. El dueño de los caballos, que ahora era el dueño de la ardilla voladora regresó enojado porque nos habíamos ido sin pagar. Hablamos con él.
Antes de todo eso, yo había escuchado a dos hobre hablar con gran conocimiento de causa y decían que no sería un tsunami arrasador, que el mar simplemente volvería a su sitio y eso me tranquilizó. Fue por eso que me atreví a adentrarme al mar vacío.
La gran ola nunca llegó en mi sueño. Lo que más duró fue el lecho vacío, la gente caminando por las rocas.
Creo que no me preocupaba tanto el tsunami como el problema de la vivienda. El hecho de no saber cuál era mi casa.

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