Ahora no solo sueño, ahora hablo dormida. Y me doy cuenta que lo que sueño son sueños y eso no me gusta porque los sueños son un escape y ya no descanso igual. La otra noche, por ejemplo estaba huyendo de algo, y en esa huída llegué a un lugar medio vaquero abandonado. Había una bodega-taller solitario y salí de él. Había llovido hacía rato porque todo estaba mojado. Entonces empecé a reflexionar sobre mi sueño y lo extraño que es soñar. Me preguntaba de qué forma participan los sentidos en un sueño. Caminaba y sentía una aire entre tibio y fresco que me gustaba y decía ¿cómo es posible que lo sienta tan vívidamente si estoy soñando? Después veía varias pick ups medio antiguas y abandonadas, todavía mojadas por la lluvia. Caminaba hacia ellas y miraba unas montañas que estaban en el horizonte. Las que estaban del lado derecho eran color café rojizo, sin vegetación. Las del lado izquierdo, claramente regiomontanas, pues en la lejanía se veían azules. Yo pensaba que ambas eran del norte, pero que mi inconsciente había mezclado dos paisajes. Claro, el director de mis sueños es ilógico y lo sé bien (eso pensé en mi sueño). Me agachaba a recoger una piedra gris, con bordes afilados, como las que caen de la pedrera. No era una piedra de río. o la cargaba porque quería seguir probando lo que puede hacer mi cerebro en un sueño y me decía "Siento el peso de la piedra, siento sus bordes afilados y hasta el polvo que tiene en ella". Hice todo un análisis de mi sueño. Fue interesante y el lugar estaba bonito. Después participé en el sueño: me senté en la plataforma de un torton, sobre sus vigas carcomidas. Adelante de mí, en la caja de una pick up, estaban sentadas dos chavas que, si no me equivoco, eran Marcela mi alumna y Carolina mi compañera de la maestría (ambas bonitas). Yo escuchaba que hablaban de algo malo, cosas de narcos y pensaba ¡chin! que no me vean que estoy aquí. Pero me vieron y ahora me convertía en testigo. Pensé en hacerme pasar por ciega y deseaba encontrar un bastón blanco que por supuesto no había por ningún lado. Si por lo menos hubiera una rama, un bote de acrílico blanco y un pincel... era mucho pedir. Me levanté y empecé a caminar con las manos hacia adelante fingiendo que no veía, pero ellas dijeron ¿y ésta, tratando de hacerse la ciega, qué? Al final terminaba sentada con ellas en la pick up platicando; intentando caerles bien.
Ahora no solo sueño, ahora hablo dormida. Y me doy cuenta que lo que sueño son sueños y eso no me gusta porque los sueños son un escape y ya no descanso igual.
ResponderEliminarLa otra noche, por ejemplo estaba huyendo de algo, y en esa huída llegué a un lugar medio vaquero abandonado. Había una bodega-taller solitario y salí de él. Había llovido hacía rato porque todo estaba mojado. Entonces empecé a reflexionar sobre mi sueño y lo extraño que es soñar. Me preguntaba de qué forma participan los sentidos en un sueño.
Caminaba y sentía una aire entre tibio y fresco que me gustaba y decía ¿cómo es posible que lo sienta tan vívidamente si estoy soñando? Después veía varias pick ups medio antiguas y abandonadas, todavía mojadas por la lluvia. Caminaba hacia ellas y miraba unas montañas que estaban en el horizonte. Las que estaban del lado derecho eran color café rojizo, sin vegetación. Las del lado izquierdo, claramente regiomontanas, pues en la lejanía se veían azules. Yo pensaba que ambas eran del norte, pero que mi inconsciente había mezclado dos paisajes. Claro, el director de mis sueños es ilógico y lo sé bien (eso pensé en mi sueño).
Me agachaba a recoger una piedra gris, con bordes afilados, como las que caen de la pedrera. No era una piedra de río. o la cargaba porque quería seguir probando lo que puede hacer mi cerebro en un sueño y me decía "Siento el peso de la piedra, siento sus bordes afilados y hasta el polvo que tiene en ella". Hice todo un análisis de mi sueño. Fue interesante y el lugar estaba bonito.
Después participé en el sueño: me senté en la plataforma de un torton, sobre sus vigas carcomidas. Adelante de mí, en la caja de una pick up, estaban sentadas dos chavas que, si no me equivoco, eran Marcela mi alumna y Carolina mi compañera de la maestría (ambas bonitas). Yo escuchaba que hablaban de algo malo, cosas de narcos y pensaba ¡chin! que no me vean que estoy aquí. Pero me vieron y ahora me convertía en testigo. Pensé en hacerme pasar por ciega y deseaba encontrar un bastón blanco que por supuesto no había por ningún lado. Si por lo menos hubiera una rama, un bote de acrílico blanco y un pincel... era mucho pedir. Me levanté y empecé a caminar con las manos hacia adelante fingiendo que no veía, pero ellas dijeron ¿y ésta, tratando de hacerse la ciega, qué?
Al final terminaba sentada con ellas en la pick up platicando; intentando caerles bien.